Desde la LUna
Tu planeta llamado Tierra (¿por qué no le pusieron Agua?) se ve de la siguiente manera...bienvenid@
¿Por qué vemos a alguien y nos apresuramos a hablar de él? Bien o mal. Descripción o acto de desnudamiento del cual el sujeto en cuestión está preso, ignorando la operación que se está efectuando sobre él o ella. Todos lo hacemos, nos apresuramos a defendernos.
¿Por qué tenemos que despanzurrar a otro individuo para ver sus entrañas, como cuando volteamos de adentro hacia afuera el interior de una granada?
Devoramos.
Devoramos con los ojos, devoramos con labios, con las manos. El extremo de este acto se halla en el homicidio.
Nos avalanzamos a devorar al otro a sabiendas de que no disfrutaremos de su sabor.
Devoramos al político, al empresario, al jefe, a la pareja, a los hijos de los amigos, a la familia.
Este devorar, ¿será codicia?
¿Nos comemos vivos a aquellos que poseen algo que nosotros envidiamos? La imposibilidad de la posesión fertiliza la Envidia. Y esta es el veneno que le otorga un sabor amargo a ese platillo que insistimos en llevarnos a la boca.
Cuando no estamos ocupados generamos la necesidad de hacer algo con las manos y la boca: queremos comer algo.
No tanto beber sino comer: sujetar con las manos, abrir, preparar, llevar a la boca, masticar, consumir.
Interviene asimismo la química del alimento en cuestión: si crispa la dopamina nos dejará una tibia sensación temporal de satisfacción. Hicimos algo. Dejamos transcurrir el tiempo mientras comíamos. Cuando la satisfacción se esfuma es probable que la hora del almuerzo o la cena ha llegado.
Si nuestra mente no está ocupada en asuntos que nos atañen a nosotros únicamente, se genera esta misma ansiedad por comer algo. Comemos gente entonces.
Gente que no nos agrada, que sabemos sabrá mal. ¿Qué nos deja? ¿Por qué lo hacemos?
¿Será solo porque no tenemos nada provechoso qué hacer? Pues no se trata de hacer nuestro trabajo, aquel por el cual vamos a recibir unos pesos en la siempre lejana y ansiada quincena. Ahí desarrollamos lo que se nos encomendó realizar contando los minutos para que llegue el receso, la comida y posteriormente la hora de salida.
La cosa cambia cuando devoramos a alguien que nos gusta. Su sabor es delicioso. Lo lamemos y besamos, lo acariciamos y agarramos con fuerza, nos fundimos en los olores y los aromas. Nos sentimos satisfechos. Queremos más.
¿Qué pasaría si experimentasemos y dejaramos de quejarnos por un día? En primer lugar, qué pasaría si nos damos cuenta de que un porcentaje importante de nuestra vida la dedicamos a quejarnos y a criticar sin ton ni son.
¿Quién podría aguantar tal desesperación? ¿Consumiría más azúcares o fumaría más cigarrilos para tapar el hoyo?
¿Por qué nos atascamos devorando personas que ni nos gustan y que nos dejarán muy mal sabor de boca?
Y si como hacemos con las uñas, ¿nos devorasemos a nosotros mismos? Tanto en el juicio como en el reconocimiento. ¿Qué nos sucedería?
1. La mujer peonza jala hacia arriba constantemente sus mallas. Le confiere la percepción equívoca de que esta adelgazando.
2. La televisión (aún televisión y no pantalla plana) ha sido despedida de la habitación.
3. Esta madrugada en la radio un hombre cuya voz revelaba una juventud treintañera se atropellaba para expresar sus opiniones. Se autodenominó literato. Su lenguaje, por lo menos oralmente, era coloquial y limitado. Podría ser un ejemplo de como los libros son objetos que poseen una vida independiente de su creador, pues si en ellos habita un lenguaje elevado, en quien los escribió no se halló rastro alguno de que aquella riqueza.
La Literatura con letra mayúscula: la tierra del pensamiento en la que las palabras se lucen, se sopesan y edifican edificios de ideas confieren un más allá, supuestamente más elevado al hombre, a su habla cotidiana. Por lo menos las obras que se quedan en nuestro ser son las que nos dejan esa sensación trascendente. Pero, es visto que no siempre debiera ser así. Los debieras son peligrosos.
El escritor entrevistado en la radio había recibido un galardón por una colección de crónicas. Señaló que aborda la situación imperante en el norte de México y sus tribulaciones. Criticó el hecho de que autores nacidos en Ciudad México abordasen este tema. Para él, un autor chilango debe escribir sobre los chilangos y su chilanga ciudad. Más bien, él deseaba que eso ocurriese.
4. Otra escritora, entrevistada en la estación de radio de una universidad privada de Ciudad México, soltaba en cada respuesta un florilegio de improperios. Al comienzo juzgué dudoso su título de escritora o literata. Había recibido un galardón por una colección de artículos, cuentos y fragmentos de una novela. Declaró que aún no estaba terminado el volúmen y que continaba retocando, editando, adicionando aquí y allá. Me pregunté cuál habría sido el atributo destacado que le confirió un premio a una obra no concluída aún.
Después, abriéndome paso entre el bosque de groserías, pude concordar con la escritora sobre algunas sentencias que arrojaba como ladridos, como en medio de una desesperación, pues en momentos su sinceridad se confundía con altanería. Estuve de acuerdo con algunos puntos: la rebeldía está ya muy manoseada y ya no existe. Yo he hablado mucho de ello desde hace veinte años. No todos los pobres son los buenos ni todos los ricos son los malos. También. No se erige como salvadora de animales, no quiere expiar culpas ni trocar en heroína, simplemente, si se topa con un gato o perro en desgracia no puede ignorarlo. Sinceridad: me agradó su sinceridad. La creí.
Su desboque de palabras, sin miedo a nombrar las cosas por su nombre, pese a que se oían "fuertes", atizadas por esa urgencia de decir, me agradó.
5. Lo mejor que se puede regalar a un niño son juguetes. No hay instrumento más eficaz y entrañable para alimentar la imaginación. La imaginación, tan tenida a menos en nuestros días realistas y objetivos.
6. La imaginación abre puertas de salvación imbatibles.
7. Cierto: el cine posee esa cualidad amoral que puede ser catártica. Aunque el cine no tenga por qué ser terapéutico. El Cine se debe a su lenguaje, a su mundo propio.
Es curioso como en la literatura no se recibe bien en nuestros días la obra desprovista de moral. Aquí hay que fijar posiciones y el autor, para ganarse un lugar de aplauso y reconocimiento entre el público, sus congéneres de gremio, tiene que luchar contra algo, revelar una verdad. La ambigüedad no es bien vista. La abstracción no es bien recibida.
8. La abstracción en el arte tiene que poder ser comprendida. Como dijera Paz de la poesía: "puede ser inexplicable, pero no ininteligible".
9. Si la vejez es la aceptación de la realidad tal y como es. Si esto significa una rendición, podría acercanos a algo parecido a la felicidad identificada como tranquilidad.
Si la vejez significa este recogimiento, este deponer las armas, entonces se podría suponer que finalmente se ha comprendido. Y por la puerta de la comprensión entra la paz.
Por supuesto que sabemos quiénes son esos actores y actrices que además de ser grandiosos, gozan de fama internacional.
Existen, sin embargo, otros, no tan presentes para la mayoría y que son unos maestros de la actuación. A continación enlisto algunos que disfruté grandemente el año pasado y que pertenecen a mi lista de favoritos, sin establecer ninguna jerarquía en el orden la lista:
1. Philip Seymour Hoffman (The Master, Boogie Nights, Magnolia, etc)
2. Joaquin Phoenix (The Master, Gladiator, etc)
3. Michael Shannon (General Zod en la buenísima Man of Steel)
4. Amy Adams (The Master, Man of Steel)
5. Cate Blanchet (The Aviator, Elizabeth, Bandits)
6. Vincent Kartheiser (Pete Campbell en Mad Men)